jueves, 27 de abril de 2017

LA TORRE DE BABEL VENEZOLANA.: Aproximación a la realidad.


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Por: Raiza N. Jiménez


En estas dos citas está la clave de las dictaduras y la libertad.
“…Los hombres decidieron construir una gran torre, cuya cúspide llegara hasta el cielo, desafiando los límites terrenales que ellos poseían. Fue entonces cuando Jehová desciende para ver el trabajo de los hombres.

“…Esto despertó su ira, viendo el orgullo de los hombres, y la insolencia que esto significaba. De ese modo, decidió confundir a los hombres sus lenguas, para que no pudieran entenderse.

A partir del relato de Babel y el mencionado castigo que Dios infringió a los hombres, por su natural instinto de LIBERTAD, INICIATIVA, CREATIVIDAD y DECISIÓN, al intentar edificar una obra maestra, una gran Torre que llegara al cielo, el mundo entró en conmoción y en ese estatus continúa. Y es que, los hombres se unieron en ese difícil propósito, sumando ideas, esfuerzos y multitudes, en la prosecución de una misma meta, acto milagroso, para los humanos y considerado imperdonable pecado, para el Señor Dios, Amo de los hombres. Desde entonces,  la humanidad entera camina confundida y sin arraigo universal. Ahora bien, esos hombres, en su deseo de llevar a cabo tan tremenda obra, unieron  sus voluntades y trabajaron en cooperación. Nada parecía perturbar tan noble esfuerzo. Pero, Dios sin un ápice de humildad, reconocimiento  y  tolerancia, sólo pensó que, el hombre tendría supremacía sobre él, sobre todo si lograba concluir esta obra. Si ello ocurría, ya no habría nada que los detuviera y reinarían en el mundo. Por ello,  Dios, el Todopoderoso, en venganza, se inventó un gran castigo, uno que, mantendría a los hombres desunidos de por vida. Para ello,  les cambió la lengua. En tal sentido, ahora cada pueblo hablaría un lenguaje diferente y  le sería muy difícil entenderse entre sí. Y, más aún, hermanarse los unos a los otros. Dios, el Jefe, se sintió desobedecido y atacado en su reinado y dominio y, por esa razón, castigó y sometió al hombre a vivir su vida en eterna confusión y poco entendimiento.

De tal forma que,  el destino nos alcanza. Nadie se salva de los dogmas que, de generación en generación, corren por sus venas. De hecho, nuestra emocionalidad, racionalidad y  accionar están comprometidas antes de ver la luz.  Nacemos marcados por la raza, el sexo, el idioma, la nacionalidad, la situación socioeconómica, religión, en fin, por la Cultura y subcultura que nos acuna. Esta Cultura, sin duda afectará nuestro actuar y sentir en todos los niveles de subsistencia. Pero, hay salidas airosas, vencer la esclavitud de origen a punta de educación y conciencia para llegar como dice Sartre a hacer algo diferente de lo que eras al nacer. Considerando que  cuando logras pararte frente al espejo, verte al desnudo y caminar para construirte, a partir de lo que entiendes que eres, de lo que ves, estás haciendo de ti un hombre libre. Te estás haciendo a partir de lo que eres y así serás tú hechura,  serás libre.

Nuevamente nos toca nacer y renacer y,  evolucionar, posiblemente en medio de un proceso doloroso, sin embargo, es lo que corresponde a cada persona,  si quiere encontrar sus propias e individuales vías, para vivir en esta humanidad señalada por el dedo de la Capilla Sixtina.  He acá, una de las múltiples razones, por las cuales, a pesar de las advertencias hechas por el padre de la Patria Simón Bolívar, nos hemos acostumbrado a tomar los trapos rojos y vestirnos con ellos, para honrar al amo de turno. Olvidándonos que, el mismo Bolívar se pronunció en rebeldía  contra de la naturaleza, es decir, en contra del Dios vengador, del Imperio más grande de la humanidad: El imperio Sacro Santo Español. Declaró la muerte a sus enemigos y nos dio la LIBERTAD que hoy, corriendo detrás de fariseos vestidos con la sangre de nuestros hermanos e hijos inocentes y utilizando lenguajes babelianos -léxico revolucionario del Siglo XXI- y consignas Goeblelianas, propias de los sistemas fascistas, estamos a punto de perder.

No nos confundamos, no hablamos el mismo IDIOMA. Los rojos, nuestros hermanos y los extranjeros que los ayudan a destruirnos,  hablan otro idioma, y en este momento, no nos entendemos. Por ello, asumamos con valentía nuestra responsabilidad libertaria, porque BOLÍVAR somos todos. No nos dejemos engatusar con trapos rojos, dramas bufos, sentimentalismos gatopardianos y saltos de talanquera programados  y menos con ni potes de humo que nos confundan. Cada uno de nosotros está obligado, como hijo de esta tierra, que nos lo ha dado todo, a abrazar como objetivo, ÚNICO Y POSIBLE, LA CONSOLIDACIÓN DE NUESTRA SEGUNDA LIBERTAD.  

COROLARIO.-
En nuestra Venezuela, siempre hemos caminado con el libreto de la Torre de Babel, no sólo porque en nuestro Ser está tatuada la impronta que rige la religión judeocristiana, que nos cobijó y nos condiciona, sino también, por ser hijos de un sincretismo religioso que nos hace mucho más  vulnerables, a la hora de entendernos espiritualmente, con los que no profesan nuestro credo. Es importante, señalar que todo el drama del Cristo Crucificado camina con nosotros al cadalso o la liberación. Creemos en un Salvador, un Mesías todopoderoso que nos llevará por el “mejor “camino de su  mano. Eso no ha variado, a pesar del fracaso que hemos tenido que enfrentar con nuestros gobernantes. Seguimos buscando un redentor y después, lo crucificaremos y  lo haremos responsable de nuestra desgracia. Pero no sólo, esa tendencia nos afecta en el campo de asumir la responsabilidad, también en la manera de actuar frente a los delitos propios y ajenos. Por ejemplo, acá tenemos un afán de perdón rayano en la neurosis del dominador-dominado- tipo síndrome de Estocolmo- que se manifiesta en la conducta oferente que da concesiones de perdón al culpable. Esto sin censurar y algunas veces,  omitir el castigo en delitos de lesa humanidad. La magnanimidad de perdonar como Cristo, nos vuelve cómplices a ultranza,  y casi nos hacemos uno con el delincuente.  La desmemoria- o corta memoria-  nos ha convertido en testigos rogados de delitos graves como lo son los  asesinatos, robos, ultrajes, violaciones, torturas, desfalcos y asesinatos. En Venezuela vivimos, en una plena y conspicua Torre de Babel y, además, para vergüenza propia y ante el mundo alimentamos con nuestra sangre una Torre llamada Roca Tarpeya. Torre que nació para ser la expresión más ostentosa de los adelantos del siglo XX  y,  que hoy, se ha convertido en  la casa del SEBIN, uno de los organismos más cuestionados en violación de Derechos Humanos de los últimos tiempos.  

Por último, les dejo, algunas frases de Joseph Goebbels, el más exitoso propagandista del Tercer Reich,  y que son calcadas por el sistema que gobierna hoy a Venezuela.

“…Miente, miente, miente que lago quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”.

“… Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.”

Nota: En mi próximo artículo hablaré de la destrucción de nuestros símbolos patrios y el intento de destruir nuestra identidad.  Rnj/ 2017








   

viernes, 21 de abril de 2017

MIENTRAS TANTO: ABAJO CADENAS.-






































No tengo dudas que Bolívar, furioso, justo y luchador, el Libertador, nuestro libertador, está con nosotros. Revelaciones he tenido que, no me es dado dejar de lado, la más palpable y manifiesta es la de ver a mi pueblo desalojar el miedo e ir al encuentro de la vileza, hecha traición, con la firme decisión de vencer el cataclismo de la ambición desmedida de sus hijos, esos que hicieron alianzas destructivas con el mal, asesinando, robando, ultrajando, expatriando, esclavizando y envileciendo, con saña, a los ciudadanos de este suelo y a los menos favorecidos. Todo ello,  con intenciones malignas de dominación y entrega a los eternos enemigos de la patria.

Hasta la memoria de Bolívar ha sido ultrajada, su eterno descanso se vio violentado por oscuras intenciones y hasta su fisonomía genética fue distorsionada con la subalterna idea de darnos un Bolívar, zambo, desconociendo así, su origen de mantuano y su sangre española.

Ya quedó  registrado por el historiador  Francisco Herrera Luque*, en su libro Los Amos del Valle,  quién señaló lo que Bolívar, premonitoriamente,  predijo: "Todo aquel que profane mi tumba, tendrá duros sufrimientos, y sus seguidores morirán en lotes.”*

Y al parecer, la profecía se cumplió porque algunos de los asistentes a la inhumación de los restos de Bolívar se enfermaron de cáncer terminal o murieron de otras afecciones y, se dice también, que algunos de ellos están esperando la ida, porque padecen cáncer.


En este momento aciago, para la cuna del padre de esta patria y para Venezuela  entera, veo al pueblo de Bolívar empuñando su espada, la verdadera, para alzarla contra el enemigo. Es ese pueblo que ayer, venció el silencio y camina, marcha y corre triunfante en pos de la libertad. Un pueblo, que vence el dolor de ver como su ejército armado de indecencia y de desvergüenza, apunta a su cuerpo, las balas destinadas al enemigo. 

Tristeza y vergüenza nos invade, pero es menester avanzar, no sin dejar registro, para la historia, de todos los desmanes, que este ejército camuflado con extranjeros felones y criminales ha hecho con este pueblo sagrado. Es el ejército que una vez fue guiado por el padre de la patria, con la noble misión de ayudar  a liberar cinco naciones,  pero que, en estos momentos, sin honor y sin divisas, niega su naturaleza y se pone de espaldas a la historia y a su pueblo. Invisibles han sido hasta ahora, las manifestaciones de deber y justicia que le demandan los galones que ostentan los soldados con honor. Nuestras Fuerzas Armadas, han sucumbido y en postra lamen las botas del enemigo,  los mercaderes de la patria y, atacan de muerte a su pueblo.  Por menos, Bolívar ejecutó a Piar. Tiempos de justicia hemos de ver y, que se preparen los que han violentado el eterno descanso del padre de la patria y. aquellos que con alevosía y pleno conocimiento, han ultrajado a su descendencia. El castigo fue decretado por el mismo Bolívar en sus testimonios que antecedieron su partida final. El destino los alcanzará con el rigor de la ley del más allá y la ley de los hombres.

Hemos vencido el miedo, por ello en gritos que nos salen del alma, no pedimos, exigimos LIBERTAD y reclamamos el derecho de nuestro legado de pueblo libre. Ese legado irrenunciable que Bolívar y nuestros antepasados nos dejaron en custodia, para honrarlo y hacerlo respetar.

Transitamos el mes de abril, mes emblemático para nuestra tierra; el 19 de abril de 1810, desalojamos a  Vicente Emparan, Capitán General y representante de la Corona española. Tres años después, Bolívar hace su entrada triunfal a Caracas. En esta misma ciudad, nos corresponde celebrar con vítores, el triunfo de los hijos de Bolívar sobre la DICTADURA Extranjera que en estos momentos nos subyuga.

Se nos acortan las horas, porque en tres días hemos puesto a corren a los realistas y, en poco tiempo, correrán los traidores y aventureros tarifados. Es tarea nuestra el rescate de nuestro suelo, que los hermanos se reencuentren, para liberar el “Vientre Natal”, a VENEZUELA  de los  verdaderos enemigos.

Bolívar junto sus escribanos nos dejó registro de su voluntad, así  señaló en juramento lo siguiente: , “Juro por el Dios de mis Padres, juro por mi patria, juro por mi honor, que no daré tranquilidad a mi alma, ni descanso a mi brazo hasta no ver rotas las cadenas que oprimen a mi pueblo por voluntad de los poderosos”

En este instante, más que en ningún otro, este compromiso asume la fuerza y la pertinencia que Bolívar  le imprimió en su tiempo.


La espada de Bolívar, reclama justicia para sus hijos, los venezolanos, y no nos cabe duda que la tendremos, de ello estamos seguros. El momento es ahora. Es Ya. 
Rnj/2017

miércoles, 19 de abril de 2017

VENEZUELA TRAICIONADA


Por: Raiza N. Jiménez

"Ningún hombre sabio pensó jamás 
que un traidor podía ser confiado."
Cicerón.

Nuestro país, Venezuela, vive hoy en desgracia; asolado, por casi 20 años de la implantación de un sistema comunista, llamado Revolución Chavista,  también bautizado como Socialismo del Siglo XXI. En estos últimos años, ha habido una verdadera guerra interna que invisibiliza a los ciudadanos e irrespeta de manera flagrante sus derechos de participación, creando mediante jingles y emblemas visibles, pero carentes de contenido efectivo, una nueva sociedad y un hombre revolucionario, que nadie conoce, porque ahora se parece más a un ciudadano de finales de la Segunda Guerra Mundial, que deambulaba sin rumbo y sin patria,  es decir, en ruinas, perseguido, enfermo, famélico, hacinado, humillado, torturado,  sin NORTE y sin DERECHOS. Y lo peor, SIN CONCIENCIA.

Venezuela fue asaltada, no por el intento de golpe que, también golpeó a familias inocentes con los muertos que dejó en el camino. El golpe de la Casona, el golpe en el Canal VTV, el asalto a ese  canal  del estado, dejó una deuda humana y material que no se ha cancelado. Los asesinos andan sueltos, unos comandando este desastre, otros en el exilio dorado y los menos, han muerto sin sanción moral ni legal.

En honor a la verdad, debo decir, en un intento de hacer justicia a la historia, que en los corrillos de los Palacios, de las Casas de las leyes y el Gobierno Nacional, los oportunistas, políticos y leguleyos  encabezados por un político senil, como lo era Rafael Caldera, por sus serviles adláteres, avalaron impúdicamente el golpe, poniendo de mampara a un pueblo doliente pero, anónimo y usarlo para hablar en su nombre y justificar con encendido verbo, cargado de mala fe, su verdadera intención.

Ciertamente, Caldera desde su tribuna senatorial, hizo un discurso alevoso y oportunista que tuvo efecto inmediato en la mente de los golpistas y los que lo apoyaban. Pero, también, llenó de confusión al pueblo que profesaba religiosamente su devoción democrática. No desconocía este hombre, experto en leyes, la contundencia de su intervención, pero pudo más su egoísmo y ambición que su deber patriótico de venezolano ejemplar.

Podría decir, sin temor a equivocarme que su gran deseo de poder, no le permitió pensar en su compromiso paterno ante el Pacto de Punto Fijo y,  menos aún, en la responsabilidad que con esta alianza tenía su persona. No sólo como individuo de renombre, como expresidente, senador vitalicio de la República de Venezuela, sino como, estadista y venezolano. Tal pacto, lo firmaron los demócratas, cuando se derrocó al General Marcos Pérez Jiménez, con el objeto de implantar una democracia alternativa que mantuviera alejados a los dictadores de oficio y permitiera el pleno derecho que otorga el sistema de la democracia, en el ejercicio ciudadano del voto. Todo ello, para que el pueblo pudiera darse leyes, gobiernos y cogobiernos, en plena libertad de elección. Y, así se hizo durante los casi 40 años que duró la democracia representativa en Venezuela. En todo caso, fue cuesta arriba que defendiera a los golpistas, para que un contubernio desgraciado, lo llevara a la presidencia, cuando ya carecía de las más elementales condiciones físicas y mentales, producto de su edad, de sus visibles enfermedades y deterioro.

Ahora bien, en tal desaguisado, no sólo Rafael Caldera, es corresponsable y la historia lo debe condenar. También, lo son, esos otros,  los llamados ‘anda ve y dile” que, históricamente han ocupado un curul en el Parlamento, para chismear, hacer cotufas y acomodarse con su voto en el ”Cuánto hay Pa’ Eso”. Vale decir que la historia no perdona y se devuelve para cobrarnos de la peor manera, los actos fallidos y las acciones contravenidas llevadas a término. El asunto es que, lo pagamos en grupo, porque los pueblos -en el cuerpo de los ciudadanos-  son responsables palmariamente, de los aciertos y los desaciertos que promuevan y ejecuten.

El apoyo que Caldera y los socialcristianos de COPEI mediante un partido llamado Convergencia, el cual convocaba a los partidos de izquierda, (MEP, MAS, URD, y PCV)  en un enjambre llamado “El Chiripero”, aludiendo a un tema de Ali Primera. Esta unión lo llevó, por segunda vez, a ser Presidente Constitucional de Venezuela. Desde ese nefasto hecho, venimos cuesta abajo en la rodada y mostrando una verdadera tierra arrasada, por nativos y extranjeros.

 Debo señalar que, la ambición desmedida de nuestros políticos, viene a dar un soporte inocultable, a aquella vieja pero, acertada frase que se le adjudica al Padre de la Patria, Simón Bolívar, que reza así: “El talento sin probidad es un azote”. Para muestra un botón, Caldera abrió el chorro y los más avezados, dotados con la picardía criolla del inmediatismo y el ventajismo de rapiña, corrieron  a alzar en hombros a un golpista y, lo demás, es historieta del expaís -como lo ha llamado con gran acierto el Profesor Agustín Blanco Muñoz-. Un país que fue, existió, pero que sus hijos impunemente, lo han llevado a sufrir la suerte de Troya y, ahora, andamos por Pénjamo, bien perdidos, por el norte.  Eso porque, aún no hemos podido llegar a Trujillo y, ni siquiera sé, sí todos sabemos qué vamos a hacer o a quién vamos a buscar allá.

Por Venezuela y sus hijos, por nosotros y los que nacerá en esta tierra hoy en desgracia,  espero que lo busquemos y lo grabemos en el corazón, porque sencillamente, estamos como país, en extremaunción y los curas andan, afortunadamente, ocupados devolviéndole a la gente la conciencia. Esa vena poderosa que a punta de sermones y amenazas de castigos culposos, nos habían quitado. O como decía el poeta del pueblo, Ali Primera, en un símil de su tema La Soga: “Si le quitan el veneno al cascabel aunque suene la maraca deja de ser cascabel”. Hoy  el clero, como en aquel glorioso 19 de abril de  1810, le anda devolviendo su naturaleza de guerreros a los venezolanos. Estamos consciente que tal fenómeno de estímulos –respuestas inadecuadas o poco efectivas, tiene que ver con el hecho de que nunca pensamos que viviríamos en guerra y, menos en una guerra civil, entre  hermanos.  Y eso le ha pasado a nuestra gente -nacida en democracia- porque no se preparó para una guerra fratricida. No obstante, esta contienda está en pleno desarrollo y el aguerrido pueblo tomó su decisión en un grito de: YA BASTA. Estamos inmersos en una guerra entre hermanos, porque hasta eso son los cubanos  y los otros foráneos que se prestan para atacarnos, en nuestra tierra. Lo desastroso es que estamos  desarmados y  sin tácticas defensivas y de guerra. A lo mejor, solo portamos el pequeño, pero gran libro de Kant, titulado: Sobre la Paz Perpetua, que en tiempos de guerra no ayuda mucho, porque es más preventivo que defensivo. Pero, que podría ser un buen regalo para los que hablan de paz, fusil al hombro, con un grito de: DISPAREN A MATAR.

De todas formas, quizás no hay que rechazarlo, por si acaso, el nuevo conquistador, siga con su cantaleta, hablando de una paz que aún no divisamos, porque nos muestran un ejército armado hasta los dientes. Dicho ejército, no es para defenderse de un enemigo, pero sí para atacar a los dueños originales del país: El Pueblo. Es decir, NOSOTROS. Gente, ciudadanos, que por reclamar sus legítimos de derechos, somos amenazados de represión y exterminio y, nos convertimos en blanco visible de las huestes armadas del gobierno.

Por cierto, los muertos los pone ese pueblo, sobre el cual hablan y, por cuyo bienestar, supuestamente, gobiernan. De allí que, hay que retornar a nuestra naturaleza de guerreros capaces de ayudar a liberar otras naciones. Es nuestra herencia, la que debemos honrar, a pesar de los traidores, como nos lo dejó de mensaje y obra nuestro Libertador Simón Bolívar, Finalmente, es importante señalar que Venezuela vive en estos momentos y desde que se decretó, que no fuimos objeto de descubrimiento, sino de ENCUENTRO, una cruel y desproporcionada aculturación antagonista, que ha revivido viejos fantasmas e intenta con las fuerzas de las armas, en manos de un Estado forajido, someternos a un proceso de adopción -traje  a la medida-  de una nueva identidad, maniatada  y, signada  por antojadizos decretos.

Se nos quiere asignar una nueva identidad de, HOMBRE NUEVO,  cuyos signos idiosincráticos están divorciados de nuestros orígenes. Es decir,  los nuevos conquistadores –opresores- del pueblo, solicitan y exigen a los ciudadanos que obedezcan y se rijan por nuevos estamentos,  en flagrante desacato de la Carta Magna. Quieren dibujarnos una idiosincrasia creada a la medida de sus ambiciones, para satisfacer los intereses de un grupo que ostenta el poder político, bélico y económico devenido del erario público  y,  de nuevas costumbres -importadas- que se quieren imponer desde un poder omnímodo.

Conclusión: No era un cuento lo de la tierra arrasada, sacada de aquellas canciones de la resistencia, trasnochada de los años 60s. Rnj/19/04/2017
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sábado, 8 de abril de 2017

IMPASSE ENTRE LA CIUDADANA FISCAL DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA Y EL PRESIDENTE NICOLÁS MADURO MOROS, PRESIDENTE DE VENEZUELA.- DE FECHA 02/03/2017


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LES COMPARTO ESTE ESCRITO QUE HICE EN RESPUESTA A UN ARTICULO PUBLICADO POR EL GATO BRICEÑO, TITULADO: CUANTO VALE EL SHOW. DICTADURA PURA POR EL GATO BRICEÑO, CUYO ENLACE LES DEJARÉ AL FINAL.
infovzla | Abril 2, 2017.
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RESPUESTA.-

El Gato tiene garras y, a veces, por el uso pueden hacerse filosas. Muy bueno tu escrito, analítico, descriptivo y comprobable en toda su extensión. En fin, me agradó leer la meridianidad de una opinión oportuna, que nos atañe a todos. Discrepo de algo: lo que mencionas acerca de la fractura a lo interno del chavismo. Pues, bien desde mi óptica de analista, no hubo tal separación, sólo que, la metida de pata fue tan grande e inocultable, que tenían que montar un show y tienen todos los medios y los títeres para hacerlo.

El asunto fue cómo, una pegada de cacho con preñez, la barriga saldrá a flote. Por eso, sin sacrificar a la voz cantante de estos, casi 20 años, la tira besitos y pide aplausos, llamada Luisa Ortega Díaz, que, además, ostenta el cargo de Fiscal General de la R.B.V. y, era la más indicada, por status y rango, para salir a la palestra e intentar con un certero golpe e pecho, enmendar el descomunal rayón tal como en sus intentos, lo hizo. Y, digo lo hizo, porque hasta los naturales y foráneos, se comieron enterita esa tragavenados.


Su misión era distraer a los incautos, convertirse en atrapa bobos, de esos que siguen cambiando espejitos por oro. Pero, quizás, porque fue tal la mamarrachada, este sainete se quedó en suspenso y se les fue de las manos.

No quiero entrar en honduras, por cuanto, tu artículo cuenta muchas historias que, son Historia Patria y sería repetitivo. Pero sí, deseo tocar dos cositas menudas: Ellos, somos nosotros y, además, acá en mi país, el tuyo, desde su nacimiento el cuento del Mesías se quedó encriptado en la inconsciencia de todos nosotros y no ha salido de allí. ¿Por qué? Porque sencillamente, nuestra sociedad Patriarcal por decreto y Matriarcal en su génesis y desempeño, no ha sanado la vieja herida de la víctima y el victimario. Este síndrome, tratado con poco relieve, profundidad remedial y sanadora, nos amenaza siempre. Ese es nuestro “Abajo Cadenas” que se convierte, a cada cierto tiempo, en CONDENA. Ambos roles, SOMETIDO Y SOMETIDOR, los hemos visto en el teatro de nuestras vidas. Y, por cierto, cuando se corre el telón nos damos cuenta, ojos abiertos y postura perpleja, que por lo general, son los mismos actores y el mismo drama de generación en generación. Efecto Sísifo lo llamo.

Ahora bien, como has hecho mención de un hombre culto como Miranda, quien, por cierto, bochinche en venas, murió en tierra extraña -es decir desterrado y con un honor maltratado- voy a tocarlo con delicadeza venezolana. De él, lo que más recuerdo con cariño, es el cuadro del pintor venezolano Arturo Michelena, titulado: Miranda en la Carraca. Ciertamente, Miranda fue un político de corte universal, brilló en el extranjero y colaboró en luchas varias, con el propósito de ayudar a liberar naciones oprimidas. Tenía doble nacionalidad, como muchos, de acá y ahora, que viven en la postura más incómoda que existe-un pie afuera y otro adentro- por una gran realidad que nos mantiene en vilo y que ha sido impuesta por los continuos desalojos de los que hemos sido objeto, como ciudadanos y como Nación. . Volviendo a Miranda, El Primer Venezolano Universal.

He de aclarar que, me afinco en este citado personaje, por lo siguiente, no hay duda que, Venezuela ha parido hijos ilustres, desconocidos en su suelo y loados en otras tierras. Como también, gente de pocos méritos que han sido catapultados con honores de próceres, sin serlo. Este fenómeno, ha tomado más auge en los últimos tiempos, dónde existe poco respeto por la meritocracia y cualquier rabopelado va a para al Panteón Nacional.

Todo, ello, con la intención de trastocar el orden establecido y para darle fuerza a una frase- bandera de los ultrosos “Tierra Arrasada”. Así mismo, para caminar dicha frase y darle rango de ejercicio generalizado, al del irrespeto y, también, para borrar de la memoria los valores lo instituidos en nuestra vida republicana. Pero, siguiendo con Miranda, como mención obligada, debo tomar la significativa frase que, según los historiadores de 1812, pronunció en el momento de ser abordado para su detención, por los patriotas, entre ellos, Simón Bolívar, por supuesta traición a la patria: ¡Bochinche, bochinche!. ¡Esta gente no sabe hacer sino bochinche!. Y, hoy a la luz de un nuevo siglo, una se pregunta y es qué acaso, fue mentira lo del bochinche?

Nuestra historia nos devuelve a cada rato, la misma respuesta: era verdad y sigue siendo verdad. Vivimos en un convite perpetuo que sólo cesa cuando la rasca te impide pensar, para luego, agarrar un respiro y, sin pasar revista de lo que has hecho en la inconsciencia, volvemos aplicar aquel nombre de un tango que cantaba Gardel titulado: Siga el Corso. O quizás, nos sirva mucho más, por aquello de lo actualizado y vernáculo, aquel sketch del extinto Programa Radio Rochela, dónde el indiciado de algún hecho censurable, siempre salía con su frase: “Yo No fui.”. Pues, bien, malas noticias, todos unos por omisión y otros por inclusión, somos arte y parte de la realidad que vive nuestra madre tierra.

Como venezolana y con raíces en mi tierra, además, porque llevo en mis venas sangre de los que se batieron, para darnos la Libertad, no puedo menos que agradecer cualquier intento clarificador que nos ayude a esgrimir una gran antorcha que ilumine el inconsciente del hombre venezolano y lo inste a defender el vientre de la madre que lo parió, lo ha visto nacer y lo ha acunado en su seno. Esta hora menguada, es la hora de los hombres, es el momento de soltar las “condenas” y echar a volar con alas de LIBERTAD. Acá las mujeres, siempre, hemos estado en la gran lucha, porque somos la tierra, el fruto y la bendición perpetua para nuestros hijos. Rnj/2017

Nota: A los interesados les dejo el enlace del escrito objeto de esta respuesta.

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LINK PARA IR A LOS COMENTARIOS DEL GATO BRICEÑO.
https://t.co/3shKx7tpy4 https://t.co/xz22dc3wEi

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jueves, 6 de abril de 2017

A PROPÓSITO DEL DESENCUENTRO FRATERNAL Y EXISTENCIAL DE LOS VENEZOLANOS EN LA VENEZUELA DE HOY.



“…Cada hombre es un universo
para sí mismo y es sólo
su propia finalidad.”
Erich Fromm.

Estuve revisando mis apuntes y, nuevamente, me tropecé con algo que llamó mi atención. Ese algo se refiere a un viejo, pero interesante tema que, aún conserva su vigencia, en especial, cuando se lo analiza a la luz de todo el cisma que está teniendo lugar en Venezuela. Situación que me atrevo a tipificar de crítica, es sus aspectos multidimensionales y, entre los cuales,  asumiré, para desarrollar este trabajo, la tesis del desencuentro fraternal inducido, con fines inconfesables, pero con gran tino por parte de las facciones del poder establecido. Es de hacer notar que tal fenómeno -lucha entre hermanos- ya tiene casi dos décadas de desenlace. El tiempo que lleva el gobierno del  Teniente Coronel Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro Moros, respectivamente. Ambos, han manipulado y utilizado como maniobra la aplicación de un maniqueísmo vulgar, que llevado al extremo, les ha dado buenos resultados, por ahora, en manos de aquellos que intentan fomentar y radicalizar la enemistad entre hermanos de suelo y hasta de sangre. Para colocarlos como tontos útiles en los extremos de una realidad insufrible, con el título de: relación irreconciliable. Y con la revitalización de la vieja consigna que reza: “Divide y vencerás”.  

Esta delicada situación, se relaciona con el acto de apropiarse de la voluntad del otro. Todo ello, enmarcado en el accionar que tienen los guiones de las dictaduras y gobiernos fascistas, que pensamos, se habían extinguido del planeta, pero no es así. Los aspirantes al poder, se visten de demócratas y acuden a elecciones  con un tinte democrático y una vez juramentados para asumir sus respectivos cargos,  juran y perjuran respetar las convenciones  internacionales y nacionales. No obstante,  una vez que asumen sus perentorios mandatos, con el compromiso  de respetar, en todas sus partes, los derechos humanos de los ciudadanos a su amparo. Se les olvida o echan al cesto de la basura, la obligación que detentan mediante la palabra empeñada y el compromiso legal que tienen con todos los ciudadanos y las instancias garante de la libertad en el mundo. Y es que los mandatarios, no son para mandar solamente, ellos deben de “deber”, respetar las convenciones suscritas por el país que lideran.   
Aclaro esto, despojándome de la acostumbrada ingenuidad,  y con ánimos de refrescar lo que, para el universo entero significó el Juicio de Núremberg. Pensé que, saber, conocer y vivir -lo que fue la Segunda Guerra Mundial- podría demarcar claramente los derroteros de una  humanidad más humana y que las penalizaciones - algunas de muerte- en contra de los criminales de guerra, se habían aprendido como sucesos ejemplarizantes. Esperaba, así mismo, como creo esperan todos los ciudadanos que, se respeten las leyes que protegen la integridad de los seres humanos y más aún, sus vidas. 

Pues bien, al parecer, algunos mandatarios aún no han aprendido la lección de horror que dejó el Holocausto, promovido por Hitler y los otros dictadores del momento. Sin embargo, la ignorancia expuesta, no es en ningún caso, excusa para las faltas cometidas y menos, para un delito irreparable como lo es el de dar muerte o incitarla en contra de sus congéneres. Hay delitos que no prescriben y, este es uno, el más grave e irremediable, por cierto.

Con esto aclarado,  vuelvo al hecho que me ocupará: Venezuela: y la dramática situación,  entorno  a la violación reiterativa de todos los derechos humanos de sus ciudadanos. Por lo cual,  he decidido, en esta exposición, abordar la violación de estos derechos fundamentales, mediante la figura de dos elementos cruciales presentes en los proceso de esclavización de la voluntad de los ciudadanos. En este caso, en particular,  abordaré este delicado tema, tomando como eje fundamental el esclarecimiento de los roles o papeles que asumen los individuos en la dura tarea de vivir y de habitar en este suelo llamado Venezuela.

Comenzaré por precisar el análisis de los roles de la dupla dominador-dominado y, también, por definir los roles de  la víctima y el victimario que, se asumen como parte de la dinámica social, emocional y política del país. 

He de señalar que en esta estructura sociopolítica veenzolana, las presiones venidas desde las fuentes del poder, surgen mediante imágenes, consignas, emblemas, frases hechas, asociaciones épicas, ritos, símbolos, promesas y grandes amenazas que, llevan implícita la acción mediante dádivas, sacrificios y  chantajes que, encubren o solapan una dinámica de fuerza ejercida, desde los más altos niveles de gobierno, utilizando como brazo ejecutor de tales fechorías: a las Fuerzas Armadas, cuerpos policiales, colectivos armados con el propósito de atacar a la oposición, constituida por venezolanos de a pie y conculcarles todos los derechos constitucionales que les otorga la Carta Magna.

En tal sentido, estos ejecutores de delitos, algunos de lesa humanidad, son incondicionales al gobierno- son el gobierno-  y cometen sus agresiones, a pleno día y frente a los cuerpos de seguridad, sin un ápice de pudor, ni ningún tipo de restricción ejemplarizante, por parte de los organismos, cuyo deber, es el de proteger y frenar cualquier manifestación o acción que ponga en peligro la vida de un venezolano. Estos comportamientos  y acciones delincuenciales han ido en aumento bajo la figura permisiva de la plena impunidad.

Por ello, cada vez son más comprometidas y graves las agresiones que se ciernen  sobre la humanidad indefensa de los ciudadanos y parlamentarios, que sufren agresiones y atentados a su vida, frente al poder gubernamental que se hace la vista gorda, ante los ataques de estos hombres y mujeres, convertidos en maquinarias de guerra, que ejercen un poder bélico, sobre los ciudadanos desarmados  y expuestos. Ciudadanos estos, que sólo pretenden de manera cívica y libre, con la potestad y el derecho que los asiste, hacer valer los mismos y  alzar su voz de protesta ante las recurrentes violaciones del Estado, representado por el Presidente y sus colaboradores.

Se intenta de esta manera, doblegar a los ciudadanos y cercenar su libertad de expresión, ante situaciones irregulares que lo afectan directamente. Todo ello, mediante el despliegue de sanciones que implican castigos físicos, torturas, presidio, expulsión, ostracismo, desapariciones forzadas y, hasta la muerte.

Hay que hacer notar, que muchos de estos procedimientos, están prohibidos internacional y localmente, por los instrumentos legales que rigen la vida, los derechos y deberes de los ciudadanos de una nación. Es, así que, la censura previa y el castigo corporal mediante ataques físicos y morales, están considerados métodos abominables y se convierten en una flagrante violación de los derechos humanos de los ciudadanos comunes. Sin embargo, habida cuenta que esto ocurre a pleno día y sin restricciones, cabe señalar que, entendemos la intención de todas estas malvadas acciones y sabemos que llevan el sello implícito del ataque con el fin de lograr la dominación y aniquilación del otro, del llamado opositor.

¿Por qué? Porque, se espera, de esta manera, que el opositor  se doblegue y renuncie a sus derechos ciudadanos y, de esa abyecta forma, podrá acceder a la obtención de un bien o servicio, que luce justificable, sobre todo en los labios del manipulador de turno. Este proceso de domesticación y vasallaje, es muy simple y complejo a la vez,  porque se manipula a la persona, siempre en nombre de algo o alguien, cuyos atributos lo hacen merecedor del premio, la fidelidad, la entrega, el sacrificio y, llegado el momento, puede acabar hasta con la vida del servil y/o doblegado en contra de su voluntad.

En este caso, el venezolano, el hombre nuevo, ese que ha sido ungido con una especie de betún rojo que tiñe de uniformidad, no sólo sus ropas, sino también su racionalidad, convirtiéndole en títere de una clase que, en ocasiones, viste costosísimas prendas de color rojo, pero de las más selectas marcas; suele pensar que será igual al que lo pervierte y lo desaloja de su realidad, haciéndole creer que “rojos somos todos”. Ese “todos”, por supuesto, es una frase hueca que sólo se llena, cuando se necesitan cuerpos vestidos de rojo, que harán crecer la masa y se sumarán a las marchas o manifestaciones  que ordene el amo, el Jefe Providencial, para poner de relieve su grandilocuencia y darse el lujo de mirar desde su altura, a la masa amorfa vestida con su color favorito.

Este nuevo hombre, destinado a pertenecer a un novedoso ejército de hombres, especies de zombi caribeños, por lo regular está conformado, por gente de poca formación académica o proviene de un bajo estatus social, asunto que puede ser superado bajo la  promesa de obtener los beneficios monetarios o de valor de cambio, siempre y cuando estén incondicionalmente, al servicio del amo.  O, en su defecto, bajo el reclutamiento partidista o interesado de personas con buena formación académica, pero que, tienen precio, son tarifados y sólo les interesa el ¿Cuánto hay pa’eso? 

Pensamos, que es una de las causas, para qué, algunos ciudadanos agarrados en su buena fe, sean utilizados, como tontos útiles, para los fines más abyectos en contra de sus hermanos, otros venezolanos, de diferente pensar y actuar.

En estos tiempos, hemos visto con estupor, cómo  se  los califica y cualifica mediante designaciones, ad hoc,  para  ser convertidos en milicos- que  tendrá como finalidad excelsa el  exterminio de los escuálidos, término con que se define hoy, peyorativamente a la mayoría de los venezolanos, que provenientes de una larga trayectoria democrática, son  conocedores, por práctica y asunción, de sus derechos republicanos, de los contenidos jurídico y legales que los amparan, tal como están establecidos en la Carta Magna o Constitución Nacional y, que no conciben, convivir en un régimen que ha trastocado el orden constitucional, para hacerse un traje a la medida.

Pero, además, tienen que enfrentarse a estos personeros tarifados y sugestionados, llamados los soldados de la revolución armada, en una lucha desigual, con el fin principista de lograr la reconquista de los derechos conculcados,  por el gobierno de turno. En efecto, los llamados escuálidos, no son otros que la población mayoritaria de ciudadanos de este país, hoy, convertidos, por mandato presidencial, y,  por sus expresiones discriminantes, públicas y notorias, en presas de caza y carne de cañón, en las manos del Ejercito de la República y los hombres nuevos, al servicio del gobierno, similares a los soldados de la Rusia comunista y a los escuadrones de muerte fundados en la dictadora hitleriana, para perseguir y confinar a la esclavitud a los judíos y, a cualquier otro ser que estorbara a sus fines mesiánicos.  

Pues bien, los hermanos rojos, han sido influenciados mediante un discurso reiterativo e irreconciliable de odio y venganza, hacia otros venezolanos, que tienen derechos de origen que los califica, para compartir y permanecer en esta tierra.

 Estos “soldados” de la Revolución, se han convertidos en arietes del régimen de turno, entienden y asumen que, van a herir, desprestigiar, atacar, robar y hasta matar a sus hermanos,  pero, en su defecto, van a defender a la patria que, como símbolo difuso, han integrado sin conocer el sentido real que, en este contexto, encierra este concepto de “Patria”. Y que, a mi sano entender,  no es otro que la personificación de un sujeto de carne y hueso que, perentoriamente, funge como presidente del país y ante sus colaboradores se asume a sí mismo, como la PATRIA. Una patria amenazada, por subversivos escuálidos y necesitada de una guardia pretoriana, cuyo deber es preservar el cargo y la integridad del mandatario.

Es decir, todo un séquito de revoltosos, para cuidar a un personaje narcisista y excéntrico, que su afán inconsciente, quizás,  de superar- con un plumazo-  al menos, por decreto las notables limitaciones personales y de formación académica y experiencial- que lo definen, por lo que realmente es-  emula a los romanos en sus dos personajes más caóticos: Nerón y  Claudio,  creando una ola de represión con el objeto de imponer a la fuerza su presencia y mandato. Para lo cual torpedea, mediante el secuestro de los organismos electorales, que deberían estar al servicio de todos los venezolanos,  cualquier posibilidad de que los ciudadanos, en pleno derecho y cabal uso de sus facultades se expresen,   y decidan-  más allá, del circo romano que montan, cada vez que se intenta dirimir de manera legal, la posibilidad de elegir democráticamente a sus representantes- si lo aceptan, lo quieren o no. Por aquello de: "Omnis auctoritas populo est".

Ahora bien, siguiendo con la transformación de los incondicionales y  la gran misión patriótica, pareciera loable, abonar en ellos, el sentimiento de preservación de la “nueva” Patria. Pero, el idilio se derrumba cuando vemos, que todo gira en torno a preservar el poder, por el poder. Al caerse la máscara, se  dejan ver las costuras y, aquella Patria, por la cual deberían los “hombres nuevos” luchar y servir hasta la muerte, puede ser sustituida y, en realidad lo es, por cualquier otro aspecto de envergadura, que se vincule a cuestiones de antivalor como: dinero, armas, drogas, guisos, asesinatos, peajes secuestros, sacrificio y heroicidad ficticia, que sirva como símbolo para engrandecer y atornillar al hombre -amo- trasformado en ser intocable y todopoderoso, dueño y superhombre irremplazable, que determinará cuál será el verdadero status de sus seguidores y opositores.

Esto es así, porque él, ahora, es la voz de Dios, es el que habla en nombre de todos y todas.  Y, desde allí, entonces, el hombre nuevo actuará y dirá todo aquello  que, a juicio y discreción de su inductor o iniciador, sea lo indicado. El nombre de la cruzada o hazaña, ha de ser algo capitalizable, que sea de ejemplarizante apariencia, contagioso y que no exija compromisos, por parte del demandante, todopoderoso y merecedor de lo  que promueve. Por ejemplo, en nombre de: mi “presidente comandante”, la patria, se ha de: luchar contra los enemigos, luchar contra el bloqueo internacional, vencer o morir, vencer al Imperio, sacrificarse en nombre del progreso futuro, en fin, luchar hasta la muerte, por obtener algo supuestamente valioso, no obstante,  difuso, que no se tiene ni se sabe cómo es o será. Una quimera, sólo posible, en el verbo del sugestionador de oficio.

De hecho, este trastorno de despersonalización, se caracteriza porque el sujeto se desconoce a sí mismo, en un extrañamiento que lo insta a asumir la voz y el mandato de quien lo representa, en este caso, la voz del amo. Sin embargo, es importante explicar que, para tal fin, es necesario realizar un anclaje, mediante la introducción  de un elemento  simbólico o emblemático, para que se promueva y vehiculice, una sumisión simbiótica, la cual no sería posible, sin la promesa o sin la esperanza de que ese algo esperado, va a ocurrir de la manos del Mesías de turno.

En el caso, que nos ocupa, podríamos señalar que, es necesario que el llamado pueblo, se funda, se haga uno, con la figura de autoridad, es decir, con el Señor Presidente. De esa manera, él, que funge, además, como Salvador o Líder, logra neutralizar la voluntad del sujeto que ha sido seducido y sometido, para ponerlo al servicio de intereses, que en un primer momento, le parecerán suyos, pero que no lo son y, ni siquiera sabe, de qué va el cuento. Esto es lo que se denomina subordinación simbiótica, que a la larga degenerará en el Síndrome de Estocolmo, donde la víctima se identifica simbióticamente, con su victimario o agresor.

Ahora bien, esta rendición sorprendente, basada en la coerción y/o endulzamiento, se da mediante el engaño o cualquier método de seducción o manejo con fines poco altruistas. Muy alejados del libre desempeño o desarrollo autonómico de los individuos y confluye en el sometimiento, aparentemente consensuado, sin serlo, de ese otro que llamaremos, por el momento, víctima. Acá, en este proceso,  se cumple lo establecido, por el Triángulo Dramático desarrollado por Steve Karpman, muy apropiado para analizar el dinamismo interno de las relaciones funcionales y disfuncionales, que intentamos explicar.

Este modelo se cimienta en tres patrones de comportamiento interrelacionados y son: Víctima, Victimario y Perseguidor. En el caso, que nos ocupa, el perseguidor y el victimario, van a estar representado por el que somete, quien a su vez persigue y domina. Y la víctima, por supuesto, por el sujeto sujetado o sometido.  

El sometido, también llamado víctima propiciatoria, en su enajenación, muchas veces, no sabe cómo llegó, dónde está y tampoco, cómo puede salir del triángulo emocional en el que está sumergido, mucho menos, tiene idea de lo que significa la ruptura con su cancerbero y, a la hora de tomar una decisión adecuada, oportuna y  voluntaria, le será difícil asumir responsabilidad por sus actos, sin esperar que la mano del amo, con fines salvadores, se extienda hacia él. Es de hacer notar, que la ruptura con ese personaje que domina su vida efectiva o simbólicamente, puede degenerar en una verdadera crisis existencial a causa de un duelo, de dimensiones desconocidas. En muchos casos, los seguidores se han inmolado para seguir a su líder, mostrando cuadros severos de depresión, tristeza, despecho, dolor, en fin, viven su pérdida de manera dramática y real.  

Y es preciso entender, que estamos hablando de un individuo cuyo poder de decisión y de vida están sujetas a las demandas y caprichos de otro, que es su “Todo”, irremplazable en su mente y en su alma. Hubo un proceso de enamoramiento y seducción y este hecho, cobrará con sentimientos cualquier alteración en la relación de amor extremo.

Pero. La realidad es otra para el que promueve la sumisión y esclaviza. Él es consumidor, que da con reservas lo que sobra.  Por consiguiente, es de esperar que sólo un desenlace fortuito, es decir, un golpe de suerte, puede cambiar la relación de poder- sumisión. En pocos caso, el sumiso, drogado y adicto, apegado a su benefactor, se encuentra con otras relaciones espejo, y, podría cambiar despertando de su  hechizo o letargo y cuando lo logra -si lo hace- conocerá, por sus sentimientos y efectos, a saber: miseria, desamparo, extrañamiento, ansiedad, tristeza, marginalidad y, otros males, que algo no estuvo bien y sí muy mal.

En estos casos, no podemos anticipar cuál síndrome exhibirá, pero de seguro necesitará ayuda conducida para superar el trauma de abandono y engaño del cual fue víctima. Es lo que se llamará simbiosis sado-masoquista. Esta emerge de la manera más abrupta, y el individuo siente que ha sido drogado, influenciado, instigado, engañado, manipulado, estafado, mediante una jerga, un ropaje cuyo color tampoco escogió, unos símbolos desconocidos, unos compromisos existenciales y unas necesidades que no son suyas, es más, no sabe cómo y para qué, las heredó.

En fin, el sujeto objeto de tal atrocidad, se encontrará con una serie de convenciones, sacadas de la manga por el Mago de turno y puestas en marcha por los sirvientes de utilerías -otros sometidos- que son investidos de autoridad, para obedecer y accionar las órdenes del Amo. Estos sirvientes del poder, hinchados por el dominio transferido, logran, algunas veces, con efectividad, llevar a las masas hasta las más exuberantes y excéntricas manifestaciones de histeria colectiva. La histeria que deviene como resultado de la manipulación de las muchedumbres insatisfechas, que presas en sus desgracias, ven en estos ungidos, esos que manejan con tono efectista el dogma patriotero instaurado por el nuevo Dios, la oportunidad de dar cauce a la inconformidad y frustración que los embarga. De suerte que, la trilogía de la dominación se consolida en sus roles: Dominador, Emisario y Dominado, o en su defecto, Victimario, Víctima y Perseguidor


Ahora bien, no obstante, a que esta ecuación es, en apariencia sencilla, no lo es para nada. De hecho, el proceso es muy intrincado, sobre todo cuando se trata de problemas humanos. Y, es que no toda la masa entra en el juego de la dominación con la misma sumisión y convencimiento. Pasado el encanto, los otrora convencidos empiezan a desplazarse, algunos cautelosamente, otros de manera explícita y escandalosa, poniendo al descubierto que “El Rey está desnudo”.

De hecho, algunos, que se creen más afortunados, nunca aceptaron la magia y, mucho menos, al Mago, sin embargo, no están exentos de responsabilidad por la debacle que está teniendo lugar, sin su aparente presencia. Otros, los más afectados psíquicamente, se quedan en una especie de autismo providencial, esperando que lo prometido por el Dios de turno se cumpla, bien sea, cuando se desocupe, se entere o le dé la gana. En ese grupo se encuentran algunos que se tiraron en la aventura sin más nada que su deseo de jugar al azar. Total si sale bien sale ganando y si no, no pierde nada. Algunos, presas de la confusión y el miedo, se hacen invisibles en su reclusión elegida. También, y son los menos, hay algunos que se quedan para recoger las migas del botín, dejadas por los amos de la francachela, quienes prestos y ligeros ya se habrán garantizado un exilio de Reyes en la Isla de la Fantasía. Por cierto, nunca en la Isla de la Felicidad.

Al llegar a este punto, estaría bien insistir en el hecho de que la tragedia que se presenta, para la gran masa, la de los incluidos y los autoexcluidos, es que todos son afectados y sufren las consecuencias que se desprenden de los desvarío del Poder.

De hecho,  aunque los esfuerzos de aquellos entronizados que utilizan la máxima de: divide y vencerás, tengan algún tipo de éxito en esta práctica, es el trabajo mancomunado de los unos y los otros -castigadores y castigados- los que logrará instaurar el orden y la sanidad en  este tipo de sociedades que, se han enfermado en sus intentos de desconocer al Otro, que al final, es su par y sin el cual, la comunidad no podría garantizar una supervivencia sana.

Por consiguiente, en mi opinión, para lograr la sanación, Reintegración, es la palabra mágica. Tal aseveración, cobra sentido si reconocemos que las sociedades que avanzan deben  primero solucionar sus tragedias mediante las activaciones de esas acciones comunes que los motiven a unirse. Es de hacer notar, además,  que,  lo no resuelto resurgirá cada vez con más fuerza en busca de resolución, como un reclamo de sana acción. Este ciclo se produce inexorablemente, tanto a nivel de lo personal, en lo grupal y societal.

En este contexto, llamo la atención, ante tanta repetición nueva de problemas viejos, y es que,  no salgo de mi asombro, porque aunque el tiempo pasa inexorable, lo no resuelto, sigue clamando solución inmediata. Y sí se sigue desconociendo esta constante,  la situación se agravará con pronósticos reservados, y estaremos condenados, como Sísifo, a seguir navegando en el mismo charco.

Como estudiosa de la Gestalt y el Psicoanálisis comprendo este proceso, ya que uno de los principios de este modelo terapéutico señala que: toda Gestalt abierta, entiéndase como: problema, asunto, situación que no ha sido resuelto oportunamente, lucha por cerrarse y, cuando no lo logra o no lo hace adecuadamente, afloran de nuevo todos los síntomas que concurrieron antes, con mayor intensidad y menor resistencia emocional y acentuación en las áreas físico y corporal. Esto es como las gripes mal curadas que se vuelven más resistentes a la cura. Y hay que buscar nuevos formar de intervenir los viejos males. Todo lo cual, nos lleva a apelar a la sanación mediante metodologías de intervención psicológica o psiquiátrica, tendiente a buscar las razones y la sanación de los procesos antes citados, tanto a nivel grupal como individual.

Introduzco este aspecto porque he venido siguiendo toda la discusión que se está dando en Venezuela, o el Expaís,  como acertadamente lo titula el profesor Agustín Blanco Muñoz, para referirse en contraposición, a la Venezuela de hoy y la Venezuela de casi 18 años atrás.

La discusión se centra en el mal uso de los recursos del país y el despilfarro de los dineros y el poco control en la administración de los mismos. Podemos poner como ejemplo, lo que se llamó El caso “Pudreval”, donde se comprobó la pérdida de toneladas de comida, por efecto de putrefacción, lo que acusa descuido, negligencia e irresponsabilidad  de los organismos competentes. En este, como en otros casos, no hubo responsables.

Ciertamente, el orden trastocado en el que vivimos, se ve reflejado en las reiteradas protestas de las Universidades, médicos, periodistas, empresarios, enfermos, pensionados, enfermeras, maestros, empleados y, todos aquellos que, se sienten desatendidos y estafados en sus derechos ciudadanos.

Hoy la crisis se ha agudizado, por la falta de medicinas, alimentos, servicios médicos hospitalarios, inseguridad, educación, prestación de servicios como: telefonía, luz, agua, insuficiencia y mal estado del transporte público, abuso de poder, asesinatos y secuestros exprés, la pésima situación de las cárceles, de los hospitales  y las escuelas; la inadecuada administración  del  sistema de justicia, que incluye la reiterativa violación de las leyes de la república.  En fin, la lista es interminable y tendríamos que declarar la presencia de un caos provocado que amerita la reconstrucción integral del país. 

 Lo paradójico es que, toda esta infructuosa batalla- para estar a tono con el nuevo léxico del siglo XXI- se está dando en un clima de rivalidad ciudadana, donde los afectos al régimen atacan e impiden de manera bárbara la libre expresión de los venezolanos- simulando muchas veces, trincheras de guerra-  que cercenan las justas pretensiones de aquellos que reclaman los derechos constitucionales que les son propios, convirtiendo así, a una justa demanda en una lucha de clase o de toldas o de los buenos, los que han declinados sus derechos con la esperanza de que Dios los vea y se apiade de ellos, y, de unos otros, los malos: aquellos que crecieron degustando la democracia y la participación y conocen sus derechos y reclaman el uso y disfrute de ellos.

Toda esta diatriba, me parece la repetición de una problemática irresuelta que se ha agravado llevando a las partes al desespero ansioso que insta a resolver cualquier situación vista como adversa, en la inmediatez. Lo peor es que, tal fenómeno está motivado por un desencuentro que anula la posibilidad de una negociación racional, una que surja como resultado de la discusión de los pares. En fin,  lo que estamos presenciando es una anomia que está estacionada en medio de un forcejeo que raya en la estupidez y la locura y, que, nos puede llevar al exterminio, de los unos a los otros, mediante una guerra fratricida y sin sentido humano.

Corolario:

La libertad y la autonomía son el resultado del proceso de haber afirmado la individualidad, a partir de la relación con los otros. Sin el otro se hace cuesta abajo, un yo fortalecido.

Raiza N. Jiménez/ 5/4/2017