martes, 7 de febrero de 2012

EL TRIÁNGULO ROTO (A Manera de Pista.)-





El triángulo fracturado o roto, como fenómeno prevaleciente en la familia venezolana, ha traído a  nuestra existencia familiar y ciudadana, consecuencias mayores de las que pensaba existían. La figura visiblemente obsecuente de algunos ciudadanos frente al carácter indomable de otros  está plasmada en el lienzo existencial de las experiencias sociopolíticas que nos está tocando historizar en  la Venezuela de hoy. Estamos frente a un país fragmentado, dividido, herido y, al final, paternalmente abandonado. Todo ello, plantea un grosero contraste ante la figura omnipresente, acechante y vigilante,  al más viejo estilo del panóptico Bentham,  y el simulado rol protectivo,  omnisciente, omnipresente, que ha puesto a circular micomandantepresidente en todos los ámbitos de nuestra vida común. En definitiva, lo que se implanta es un orden paternalista deformado que elicita conductas hilarantes nerviosas en un intento  defensivo de suplantar, con menor riesgo,  emociones auténticas de miedo y de rabia.

"...Hay definitivamente una correlación entre el éxito familiar y el éxito personal."
Jhon Maxwel.

Esto último, me ha llenado de pistas y me sugiere la gravedad por la que atravesamos como sociedad machista pero de mandato matrilineal. En efecto, en el ámbito del imaginario colectivo, el ensueño de los seguidores, adoradores a ultranza del presidente, comandante, alfa & omega del universo, el todo, pareciera significar, de manera analógica, que él, al más burdo estilo de Luís XIV,  con sus irresponsabilidades,  soslayos, bravuconerías, amenazas, extensa verborrea, continúas promesas incumplidas - no obstantes, promesas por cumplir- y, sus desplantes, se ha convertido en el símbolo de un padre  hecho carne, que habla y cuyo abundante “verbo” lo ha ayudado a convertirse en el “paterfamilias”que sustituye al padre real, por lo regular ausente.
Al parecer, tal fenómeno aparece sin percatarnos, quizá por estar obnubilados o instalados cómodamente en la negación- saber y realidad- que el ejemplar tomado como modelo, ese padre supletorio y,  en apariencia todopoderoso, anda en lo mismo, buscando un padre que lo acepte, lo respete, lo proteja y lo quiera. Es decir, anda en búsqueda de  todo aquello que nos ilusiona o esperanza cuando preguntamos por papá. En fin, todo eso intangible que se re-presenta como digno  de afecto y respeto y,  a través de lo cual, otorgamos valía a lo atesorado, aunque esté, en lo real, desdibujado.
Por ello, vemos con una asiduidad que pasma al más sensato, que el máximo líder de este país, encuentra  en todas las figuras de poder que conoce a lo largo de sus  travesías por el mundo a “un padre sustituto”. Las más extravagantes figuras son catalogadas cómo: mi padre, mi gran amigo, mi entrañable, mi com-padre  y mi hermano del alma.  De tal manera, que este padre, al ser producto de una efímera euforia o de un impulso infantil incontrolable,  de un día  para otro, es cambiado por otro que promete más.  Al final, ninguno le sirve y como un niño malcriado arremete con furia contra la mujer- su madre- y la castiga por la falta de padre.
Ahora bien, lo terrible de este síndrome misógino es que, el mismo, no se resuelve en la externalidad y la negación. Ni mucho menos, con una madre fálica- que ocupe el espacio o hueco emocional dejado por un  padre sombra- convertida en madre-padre. 
Como hemos visto, a ese triángulo le faltan partes. Para que sea triángulo necesita sus tres partes completas.

Madre -------
Padre -------
Hijo -------
Corolario: El drama originario es que esa mujer somos todas las mujeres y es Venezuela.






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