
"Ningún hombre sabio pensó jamás
que un traidor podía ser confiado."
Cicerón.
que un traidor podía ser confiado."
Cicerón.
Nuestro país, Venezuela, vive hoy en desgracia; asolado, por casi 20
años de la implantación de un sistema comunista, llamado Revolución Chavista, también bautizado como Socialismo del Siglo
XXI. En estos últimos años, ha habido una verdadera guerra interna que
invisibiliza a los ciudadanos e irrespeta de manera flagrante sus derechos de
participación, creando mediante jingles y emblemas visibles, pero carentes de
contenido efectivo, una nueva sociedad y un hombre revolucionario, que nadie
conoce, porque ahora se parece más a un ciudadano de finales de la Segunda
Guerra Mundial, que deambulaba sin rumbo y sin patria, es decir, en ruinas, perseguido, enfermo,
famélico, hacinado, humillado, torturado, sin NORTE y sin DERECHOS. Y lo peor, SIN
CONCIENCIA.
Venezuela fue asaltada, no por el intento de golpe que, también golpeó a
familias inocentes con los muertos que dejó en el camino. El golpe de la Casona,
el golpe en el Canal VTV, el asalto a ese canal del estado, dejó una deuda humana y material
que no se ha cancelado. Los asesinos andan sueltos, unos comandando este
desastre, otros en el exilio dorado y los menos, han muerto sin sanción moral
ni legal.
En honor a la verdad, debo decir, en un intento de hacer justicia a la
historia, que en los corrillos de los Palacios, de las Casas de las leyes y el
Gobierno Nacional, los oportunistas, políticos y leguleyos encabezados por un político senil, como lo era
Rafael Caldera, por sus serviles adláteres, avalaron impúdicamente el golpe,
poniendo de mampara a un pueblo doliente pero, anónimo y usarlo para hablar en
su nombre y justificar con encendido verbo, cargado de mala fe, su verdadera
intención.
Ciertamente, Caldera desde su tribuna senatorial, hizo un discurso
alevoso y oportunista que tuvo efecto inmediato en la mente de los golpistas y
los que lo apoyaban. Pero, también, llenó de confusión al pueblo que profesaba
religiosamente su devoción democrática. No desconocía este hombre, experto en
leyes, la contundencia de su intervención, pero pudo más su egoísmo y ambición
que su deber patriótico de venezolano ejemplar.
Podría decir, sin temor a equivocarme que su gran deseo de poder, no le permitió
pensar en su compromiso paterno ante el Pacto de Punto Fijo y, menos aún, en la responsabilidad que con esta alianza
tenía su persona. No sólo como individuo de renombre, como expresidente, senador
vitalicio de la República de Venezuela, sino como, estadista y venezolano. Tal
pacto, lo firmaron los demócratas, cuando se derrocó al General Marcos Pérez
Jiménez, con el objeto de implantar una democracia alternativa que mantuviera alejados
a los dictadores de oficio y permitiera el pleno derecho que otorga el sistema
de la democracia, en el ejercicio ciudadano del voto. Todo ello, para que el
pueblo pudiera darse leyes, gobiernos y cogobiernos, en plena libertad de elección.
Y, así se hizo durante los casi 40 años que duró la democracia representativa en
Venezuela. En todo caso, fue cuesta arriba que defendiera a los golpistas, para
que un contubernio desgraciado, lo llevara a la presidencia, cuando ya carecía
de las más elementales condiciones físicas y mentales, producto de su edad, de
sus visibles enfermedades y deterioro.
Ahora bien, en tal desaguisado, no sólo Rafael Caldera, es corresponsable
y la historia lo debe condenar. También, lo son, esos otros, los llamados ‘anda ve y dile” que,
históricamente han ocupado un curul en el Parlamento, para chismear, hacer
cotufas y acomodarse con su voto en el ”Cuánto hay Pa’ Eso”. Vale decir que la
historia no perdona y se devuelve para cobrarnos de la peor manera, los actos
fallidos y las acciones contravenidas llevadas a término. El asunto es que, lo
pagamos en grupo, porque los pueblos -en el cuerpo de los ciudadanos- son responsables palmariamente, de los aciertos
y los desaciertos que promuevan y ejecuten.
El apoyo que Caldera y los socialcristianos de
COPEI mediante un partido llamado Convergencia, el cual convocaba a los
partidos de izquierda, (MEP, MAS, URD, y PCV) en un enjambre llamado “El Chiripero”,
aludiendo a un tema de Ali Primera. Esta unión lo llevó, por segunda vez, a ser
Presidente Constitucional de Venezuela. Desde ese nefasto hecho, venimos cuesta
abajo en la rodada y mostrando una verdadera tierra arrasada, por nativos y
extranjeros.
Debo señalar que, la ambición
desmedida de nuestros políticos, viene a dar un soporte inocultable, a aquella
vieja pero, acertada frase que se le adjudica al Padre de la Patria, Simón Bolívar,
que reza así: “El talento sin probidad
es un azote”. Para muestra un botón, Caldera abrió el chorro y los más
avezados, dotados con la picardía criolla del inmediatismo y el ventajismo de
rapiña, corrieron a alzar en hombros a
un golpista y, lo demás, es historieta del expaís -como lo ha llamado con gran
acierto el Profesor Agustín Blanco Muñoz-. Un país que fue, existió, pero que
sus hijos impunemente, lo han llevado a sufrir la suerte de Troya y, ahora,
andamos por Pénjamo, bien perdidos, por el norte. Eso porque, aún no hemos podido llegar a
Trujillo y, ni siquiera sé, sí todos sabemos qué vamos a hacer o a quién vamos a
buscar allá.
Por Venezuela y sus hijos, por nosotros y los que nacerá en esta tierra
hoy en desgracia, espero que lo
busquemos y lo grabemos en el corazón, porque sencillamente, estamos como país,
en extremaunción y los curas andan, afortunadamente, ocupados devolviéndole a
la gente la conciencia. Esa vena poderosa que a punta de sermones y amenazas de
castigos culposos, nos habían quitado. O como decía el poeta del pueblo, Ali
Primera, en un símil de su tema La Soga: “Si
le quitan el veneno al cascabel aunque suene la maraca deja de ser cascabel”. Hoy el clero, como en aquel
glorioso 19 de abril de 1810, le anda devolviendo
su naturaleza de guerreros a los venezolanos. Estamos consciente que tal fenómeno
de estímulos –respuestas inadecuadas o poco efectivas, tiene que ver con el
hecho de que nunca pensamos que viviríamos en guerra y, menos en una guerra
civil, entre hermanos. Y eso le ha pasado a nuestra gente -nacida en
democracia- porque no se preparó para una guerra fratricida. No obstante, esta
contienda está en pleno desarrollo y el aguerrido pueblo tomó su decisión en un
grito de: YA BASTA. Estamos inmersos en una guerra entre hermanos, porque hasta
eso son los cubanos y los otros foráneos
que se prestan para atacarnos, en nuestra tierra. Lo desastroso es que estamos desarmados y sin tácticas defensivas y de guerra. A lo
mejor, solo portamos el pequeño, pero gran libro de Kant, titulado: Sobre la
Paz Perpetua, que en tiempos de guerra no ayuda mucho, porque es más preventivo
que defensivo. Pero, que podría ser un buen regalo para los que hablan de paz,
fusil al hombro, con un grito de: DISPAREN A MATAR.
De todas formas, quizás no hay que rechazarlo, por si acaso, el nuevo conquistador,
siga con su cantaleta, hablando de una paz que aún no divisamos, porque nos
muestran un ejército armado hasta los dientes. Dicho ejército, no es para
defenderse de un enemigo, pero sí para atacar a los dueños originales del país:
El Pueblo. Es decir, NOSOTROS. Gente, ciudadanos, que por reclamar sus legítimos
de derechos, somos amenazados de represión y exterminio y, nos convertimos en
blanco visible de las huestes armadas del gobierno.
Por cierto, los muertos los pone ese pueblo, sobre el cual hablan y, por
cuyo bienestar, supuestamente, gobiernan. De allí que, hay que retornar a
nuestra naturaleza de guerreros capaces de ayudar a liberar otras naciones. Es
nuestra herencia, la que debemos honrar, a pesar de los traidores, como nos lo
dejó de mensaje y obra nuestro Libertador Simón Bolívar, Finalmente, es
importante señalar que Venezuela vive en estos momentos y desde que se decretó,
que no fuimos objeto de descubrimiento, sino de ENCUENTRO, una cruel y
desproporcionada aculturación
antagonista, que ha revivido viejos fantasmas e intenta con las fuerzas de
las armas, en manos de un Estado forajido, someternos a un proceso de adopción
-traje a la medida- de una nueva identidad, maniatada y, signada por antojadizos decretos.
Se nos quiere asignar una nueva identidad de, HOMBRE NUEVO, cuyos signos idiosincráticos están divorciados
de nuestros orígenes. Es decir, los
nuevos conquistadores –opresores- del pueblo, solicitan y exigen a los
ciudadanos que obedezcan y se rijan por nuevos estamentos, en flagrante desacato de la Carta Magna.
Quieren dibujarnos una idiosincrasia creada a la medida de sus ambiciones, para
satisfacer los intereses de un grupo que ostenta el poder político, bélico y
económico devenido del erario público y,
de nuevas costumbres -importadas- que se
quieren imponer desde un poder omnímodo.
Conclusión: No era un cuento lo de la tierra arrasada, sacada de
aquellas canciones de la resistencia, trasnochada de los años 60s. Rnj/19/04/2017
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